La mosca (1986). De como el hombre se hizo insecto.
En 1986 David Cronenberg consiguió su mayor éxito comercial con esta película, “La mosca”, un remake del film de mismo título de 1958, aunque de aquel solo conserva el argumento de base. Pero, ey, estamos hablando de David Cronenberg, no de un cualquiera, así que lo que el amigo David hizo fue respetar la idea inicial de un científico que se fusiona con una mosca al realizar un experimento y convertir eso en una película tremenda en todos los aspectos e inclasificable, porque sí, tiene mucho terror, mucho gore y mucho susto, pero es verdad que hay una historia de amor trabajada y un drama.
Con “La mosca”, David Cronenberg creó una película que combina a la perfección terror, gore, drama, sensibilidad y amor.
“La mosca” es además una película de actores y personajes, mucho más que de efectos y maquillaje, aunque el trabajo de Chris Wallas en efectos y maquillaje es sencillamente espectacular.
Si algún despistado por ahí que no ha visualizado “La mosca”, la película nos cuenta la historia de Seth Brundle (Jeff Goldblum), un científico que ha descubierto el modo de teletransportar objetos de un lugar a otro: mete un objeto en una cabina, y éste aparece en otra cabina situada en otro lugar, y todo ello en un segundo. Lógicamente el invento tiene tela, y Seth Brundle es considerado en parte visionario y en parte loco. Una periodista, Veronica (Geena David), que trabaja en una publicación científica, se interesa mucho por el trabajo de Seth. El bueno de Seth confía en Veronica y le enseña todos los entresijos del teletransporte y el principal problema con el que se encuentra: es capaz de teletransportar objetos sin problemas, pero cuando lo hace con seres vivos (esa escena en la que Seth Brundle teletransporta un mono y este aparece, literalmente, del revés) o con materia orgánica, algo no marcha bien. Veronica lo prueba en sus carnes cuando Seth le da de comer un filete normal y otro teletransportado, y el filete teletransportado a Veronica le sabe francamente mal. Ambos entablan una relación (que se lian, vamos) y entretanto Seth consigue resolver el problema de teletransportar seres vivos, y no se le ocurre mejor manera de probar que funciona, que teletransportándose a sí mismo, pero oh! sorpresa, en el momento en que el se teletransporta había una mosca dentro de la cámara, ¿qué pasara ahora con Seth, dado que al salir del teletransporte la mosca ya no está?, ¿o sí está?.
Si os he despestardo la curiosidad, aquí teneis el trailer original de “La mosca” en inglés, para que vayais abriendo boca:
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Maniquí (1987). Kim Cattrall, una maldición egipcia y los años 80.
Hay películas de los 80 que han aguantado perfectamente el paso del tiempo, por muchas razones: porque la historia sigue vigente, por la interpretación de los actores, por su caracter universal, etc. Pero desde luego, “Maniquí” no es una de ellas. Es una de esas películas que ha soportado fatal el paso del tiempo.
“Maniquí” es la típica comedia tonta de los años 80, con todos los defectos y virtudes que eso supone.
La historia que nos cuenta “Maniquí” es de traca y pandereta. La película comienza enseñándonos el antiguo Egipto, donde una mujer, Ema (Kim Cattrall) se queja a su madre de que queiren casarla con hombres que no le interesan y que además ella quiere vivir su vida, y le pide a los dioses que no permitan que su vida sea esa, así que los dioses le conceden esa oportunidad, y Ema desaparece, literalmente. Luego aparecen los créditos iniciales de la película, en formato de dibujos animados, que nos dan a entender que nuestra protagonista pasa por todos los momentos de la Historia. Y así llegamos a la época actual, en la que vemos a un joven escultor, Jonathan (Andrew McCarthy), que trabaja en una fábrica creando maniquíes y que está orgullosísimo de su última creación, un maniquí perfecto. Como el chaval se dedica a convertir cada maniquí en una pieza de arte y es muy lento, pierde el trabajo, y vemos como deambula de trabajo en trabajo, siempre aportando una visión artística y perdiendo el trabajo: desde jardinero a pizzero. Su novia, una ejecutiva agresiva, no comparte su visión romántica y artística de la vida y le reprocha su poca estabilidad continuamente.
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Una pandilla alucinante (1987). Monstruos contra adolescentes ochenteros.
Hubo una época en los 80 en que era habitual que muchas películas las protagonizarán pandillas o grupos de chavales preadolescentes, como pasó por ejemplo en “Exploradores” o en “Los Goonies”. Y también hubo un momento en el que se puso de moda cruzar géneros entre sí o jugar con los límites, mezclando terror y humor, por ejemplo, como pasó en “Noche de miedo”.
En “Una pandilla alucinante” tenemos una película que cruza el género de monstruos con las películas de grupos de chavales.
Esta curiosa mezcla es lo que nos ofrece “Una pandilla alucinante”, un cruce imposible entre las películas de monstruos con las películas protagonizadas por grupetes de chavales, donde no faltan todos los tópicos: en la pandilla hay un listo, un gordo y un macarra, como debe ser. Pero bueno, ¿de qué va “Una pandilla alucinante”?.
“Una pandilla alucinante” comienza con un flashback hace 100 años, donde vemos a Van Helsing combatiendo a Drácula en un castillo. Una joven recita junto a Van Helsing unas palabras y se abre un vórtice dimensional que absorbe a todos los del castillo. Acto seguido pasamos a la actualidad, donde vemos el típico instituto americano de ciudad pequeña típica americana y conocemos a unos chavales de entre 12 y 14 años calculo que son colegas y se pirran por las películas de monstruos y por todos los temas filosóficos que les rodean (como por ejemplo las formas de matar a un vampiro o si el hombre lobo tiene pelotas o no), y se llaman a si mismos “La pandilla del monstruo” (que es la traducción literal de “The monster squad”, el título original de la película). En la pandilla tenemos al típico líder, Sean, que luce a lo largo de casi toda la peli una camiseta con la frase “Stephen King rules” (Stephen King manda); el Cebao, u Horace, que es el típico chaval gordete y graciosete; Patrick, el colega de Sean y el último que se apunta a la pandilla, que es Rudy, el chungo, porque va en bici con chupa de cuero, fumando, con gafas de sol y calcetines blancos, con un par. Para mi, Rudy el mejor. Todos ellos forman “Una pandilla alucinante”.
El caso es que sin ninguna explicación, con un absurdo argumental tremendo, el diario original de Van Helsing, va a parar a manos de Sean, ya que sus padres lo han comprado en un anticuario y se lo regalan a su hijo, que no puede leer el diario porque está en alemán.
En otro giro argumental absurdísimo pero muy cachondo, vemos como el ataud del conde Drácula, junto con una caja que contiene a Frankenstein van en un avión, que oh casualidad, aterriza en la ciudad de los chavales, donde para más inri, hay una exposición egicpcia y también un tipo en una comisaria que dice ser un hombre lobo.
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La cosa (1982), de John Carpenter. Alienígena de 1.000 caras salido del hielo.
Para muchos, entre los que me incluyo, “La Cosa” es la obra maestra del director John Carpenter, uno de los reyes del terror de las últimas décadas, aunque su esplendor estuvo en nuestra década favorita, los ochenta.
Con “La Cosa”, John Carpenter firmó su obra maestra, una película de terror perfecta llena de efectos viscerales que asusta y acojona de verdad.
Carpenter tiene un estilo muy propio y distinguible, reconocible por hacer uso del humor más negro de vez en cuando y también por usar siempre recursos propios de la serie B, un lugar en el que el director parece sentirse cómodo.
“La cosa” trata de un grupo de hombres aislados en un lugar inhóspito, la Antartida, que deben enfrentarse a una amenaza desconocida y terrorífica que no comprenden y no saben como combatir.
En “La cosa”, John Carpenter nos cuenta la historia de una estación científica norteamericana en la Antartida, cuyos habitantes, pocos y todos hombres, se despiertan un buen día viendo como un helicóptero persigue y dispara a un perro que corre por la nieve. El perro se refugia en la estación americana, y los ocupantes del helicóptero van a por él, teniendo que enfrentarse con los americanos, que no entienden que pasa y porque son atacados. Los perseguidores del perro mueren en la refriega, y los americanos descubren que son miembros de la estación noruega, así que deciden ir allí a ver que ha pasado, y van en helicóptero, pilotado por MacReady (Kurt Russell, el actor fetiche de Carpenter). Lo que encuentran al llegar es desolador: la estación noruega ha sido quemada y todos sus habitantes están muertos. Una vez allí, encuentran unas cintas de vídeo, que se llevan, junto con un cadaver muy extraño y calcinado.
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Recortar fotos y carteles de películas de las revistas. Otra costumbre con apogeo en los 80.
No sé si esta vieja costumbre de mi infancia y adoelscencia seguirá vigente hoy en día. No lo sé, pero creo poder decir que fue en los 80 cuando el recortar fotos, carteles y cualquier cosa relacionada con películas que nos gustaran de páginas de revistas o periódicos alcanzó su punto más alto.

Fotos como esta, de "Top Gun", inundaban las carpetas y las habitaciones de las chavalas adolescentes en los años 80.
Porque claro, a lo mejor eras una chavala modernilla y tal y en plena explosión de éxito de “Top Gun” o “Dirty Dancing” querías ponerte en la carpeta fotos de Patrick Swayze o escenas de la película, así que cogías tus tijeras y cada revista, periódico o publicación que andara por casa en la que se hablará de la película y salieran fotos era un víctima propicia para ser recortada y luego esa foto iba a parar a varios destinos posibles: la carpeta del cole, la mesa de estudio o el típico corcho que estaba colgado en la pared de tu cuarto, o directamente a la pared o la puerta. Y ya había decorado lo que fuera con una escena de tus pelis favoritas.
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