Una pandilla alucinante (1987). Monstruos contra adolescentes ochenteros.
Hubo una época en los 80 en que era habitual que muchas películas las protagonizarán pandillas o grupos de chavales preadolescentes, como pasó por ejemplo en “Exploradores” o en “Los Goonies”. Y también hubo un momento en el que se puso de moda cruzar géneros entre sí o jugar con los límites, mezclando terror y humor, por ejemplo, como pasó en “Noche de miedo”.
En “Una pandilla alucinante” tenemos una película que cruza el género de monstruos con las películas de grupos de chavales.
Esta curiosa mezcla es lo que nos ofrece “Una pandilla alucinante”, un cruce imposible entre las películas de monstruos con las películas protagonizadas por grupetes de chavales, donde no faltan todos los tópicos: en la pandilla hay un listo, un gordo y un macarra, como debe ser. Pero bueno, ¿de qué va “Una pandilla alucinante”?.
“Una pandilla alucinante” comienza con un flashback hace 100 años, donde vemos a Van Helsing combatiendo a Drácula en un castillo. Una joven recita junto a Van Helsing unas palabras y se abre un vórtice dimensional que absorbe a todos los del castillo. Acto seguido pasamos a la actualidad, donde vemos el típico instituto americano de ciudad pequeña típica americana y conocemos a unos chavales de entre 12 y 14 años calculo que son colegas y se pirran por las películas de monstruos y por todos los temas filosóficos que les rodean (como por ejemplo las formas de matar a un vampiro o si el hombre lobo tiene pelotas o no), y se llaman a si mismos “La pandilla del monstruo” (que es la traducción literal de “The monster squad”, el título original de la película). En la pandilla tenemos al típico líder, Sean, que luce a lo largo de casi toda la peli una camiseta con la frase “Stephen King rules” (Stephen King manda); el Cebao, u Horace, que es el típico chaval gordete y graciosete; Patrick, el colega de Sean y el último que se apunta a la pandilla, que es Rudy, el chungo, porque va en bici con chupa de cuero, fumando, con gafas de sol y calcetines blancos, con un par. Para mi, Rudy el mejor. Todos ellos forman “Una pandilla alucinante”.
El caso es que sin ninguna explicación, con un absurdo argumental tremendo, el diario original de Van Helsing, va a parar a manos de Sean, ya que sus padres lo han comprado en un anticuario y se lo regalan a su hijo, que no puede leer el diario porque está en alemán.
En otro giro argumental absurdísimo pero muy cachondo, vemos como el ataud del conde Drácula, junto con una caja que contiene a Frankenstein van en un avión, que oh casualidad, aterriza en la ciudad de los chavales, donde para más inri, hay una exposición egicpcia y también un tipo en una comisaria que dice ser un hombre lobo.
Antes de seguir aquí teneis el trailer en castellano de “Una pandilla alucinante”:
En resumen, ya tenemos a todos los monstruos clásicos en la ciudad de los chavales, el diario de Van Helsing también está allí, ¿qué nos falta?, un extraño amuleto que también aparece en una casa del pueblo como por arte de magia. Con todo este batiburrillo, resulta que hay gente que empieza a morir víctima del conde Drácula, de Frankenstein, de la momia, del hombre lobo y del monstruo de la laguna negra, que mira, también pasaba por allí.
Al final los chavalines descubren gracias a un vecino aleman (que casualidad, un diario en aleman y tienen un vecino aleman) que lo que pasa es que cada 100 años el mal tiene la oportunidad de conquistar La Tierra, y una virgen debe recitar un conjuro para enviar a los seres malignos al limbo y que permanezcan otros 100 años allí, más o menos.
¿Y qué hace la pandilla del monstruo? Pues responsabilizarse de acabar con el mal y salvar a la humanidad, ahí es nada, el futuro del planeta en manos de 4 imberbes y un viejete alemán.
Como podeis ver, el argumento es demencial y no tiene ni pies ni cabeza en muchos casos, pero la película es un entretenimiento puro y duro que encima ha aguantado bastante bien el paso del tiempo, puede que por los monstruos creados por Stan Winston o por que a pesar de su aparente inocencia, es una película muy bien concebida para entretener. Es una película llena de clichés y giros muy predecibles, pero la verdad es que tiene un encanto especial y un buen montón de secuencias para el recuerdo, como las conversaciones sobre como acabar con los monstruos, las escenas en las que hacen las balas de plata (como si lo pudiera hacer cualquiera) o las secuencias en las que los jovenzuelos se enfrentan a cada uno de los monstruos.
En realidad, la película es un vehículo de entretenimiento muy bien hecho, con el único fin de divertir al público mezclando dos cosas con mucho tirón en la época: las pandillas de chavales y los mostruos de cine.
Así que ya sabeis, ha llegado el momento de que os senteis a que los protagonistas de “Una pandilla alucinante” os ayuden a resolver grandes enigmas del mundo moderno, como si el hombre lobo es capaz de conducir un coche. A disfrutarla.
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