A la caza (1980). Al Pacino en busca de un asesino en serie.

En su día, “A la caza” fue una película cargada de polémica por el ambiente en el que sucede la historia: el ambiente gay sadomaso de la ciudad de Nueva York. Y este es precisamente su punto más fuerte, la ambientación de la película, que es la verdadera protagonista de una historia convencional de policías y asesinos.

El ambiente nocturno de “A la caza” acaba siendo el protagonista de la película. Un ambiente oscuro, vicioso y prohibido en el que el personaje de Al Pacino se infiltra.

Al Pacino dándolo todo en la pista de baile gay de "A la caza"

Al Pacino dándolo todo en la pista de baile gay de "A la caza"

A la caza“, protagonizada por un Al Pacino que ya tenía un nombre importante en Hollywood después de haber intervenido en “El padrino”, “El padrino II” o “Serpico”, nos cuenta la historia de un policía que se infiltra en el ambiente gay más duro de la ciudad de Nueva York para dar caza a un asesino en serie que puntualmente va dando muerte a miembros de este colectivo, así que ni corto ni perezoso empienza a introducirse en un micromundo con sus propias normas y reglas (memorable la escena en la que aprende el significado del color de los pañuelos que los gays llevan colgando de sus tejanos), y del que tendrá que aprender mucho en muy poco tiempo para poder averiguar como encontrar a un asesino que campa a sus anchas por este ambiente. El introducirse tan a fondo en una comunidad tan reducida y radical le afectará personalmente, le hará plantearse muchas cosas y cambiará su forma de ver la vida. Sus relaciones con su novia se verán afectadas y sufrirá en primera persona el acoso y la discriminación de pertenecer a la comunidad gay, y en concreto, a un submundo aún más radical como el del sadomaso y la dominación.

Desde el principio, y como he dicho antes, “A la caza” nos enseña a la verdadera protagonista de la película: la ciudad de Nueva York, y en concreto el submundo gay centrado en el sado y la dominación. Al Pacino se pasa toda la película paseándose por antros y bares repletos de hombres vestidos de cuero de arriba a abajo o semidesnudos practicando sexo entre ellos en cualquier esquina y donde la promiscuidad y la oscuridad son lo que prevalece en un ambiente extremadamente sórdido y enfermizo, en el que curiosamente acabará encajando y donde llegara a dudar de muchas cosas que daba por sentadas e incluso a cuestionarse su propia sexualidad. Para dar mayor veracidad a estas escenas de “A la caza“,  se utilizaron como escenarios auténticos clubs gays y como extras a auténticos fiesteros gays de la rama más dura, que recibieron instrucciones de comportarse tal y como harían en una noche de farra normal. Para muestra, aquí teneis a un Al Pacino bailando como un poseso en un club de ambiente gay extremo, una de las escenas más representativas de “A la caza“:

“A la caza” levantó muchas ampollas en su día y fue una película muy polémica por la imagen que proyecta del colectivo gay, mostrándolos como unos pervertidos en toda regla.

A la caza” está basada en el libro del mismo titulo escrito por Gerald Walker, autor que desconozco por completo aparte de este libro. Cuando uno ve la peli entiende el revuelo que montó, porque la verdad es que la imagen que se da de la comunidad gay es la de una panda de viciosos, pervertidos y promiscuos tipos sudorosos embutidos en cuero o semidesnudos, capaces de tener sexo con cualquiera y en cualquier lugar. También es cierto que la película se centra en este tipo de ambiente tan extremo porque es donde el asesino encuentra a sus victimas, y ese es el ambiente en que la película se desarrolla, pero desde luego se entiende que el aspecto tan efermizo, malsano y corrupto del ambiente de la película provocara las propuestas de la comunidad gay.

También llama la atención el riesgo que corrieron tanto Pacino, actor principal, como William Friedkin, el director, así como el estudio, embarcándose en semejante aventura de película. Probablemente y gracias a la época políticamente correcta que nos toca vivir, rodar hoy en día, en el siglo XXI, una película como “A la caza” sería tarea imposible, porque es cierto que es sucia y que puede escandalizar a determinadas personas.

Pero precisamente ese es su punto más fuerte, porque es la parte de la película que más impacta con diferencia. Pocas veces una ambientación de una película policiaca ha supuesto tanta importancia en la trama, y eso, guste o no, es un mérito: convertir la escenografía en el personaje principal. Solo por eso, vale la pena verla.

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